viernes, 2 de agosto de 2013

Ajustes y más ajustes.


(A ver si lo leen hasta el final. Está larguito jajajaja)
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En mi trabajo, (para los que no lo sepan soy diseñadora gráfica y de web), y para aquellos que si saben del tema, sucede mucho que hay que hacerle cambios o ajustes a la propuesta, generalmente, hasta que al cliente le guste. Conozco mi trabajo y me encanta de tal manera que siempre trato de ofrecerle a mis contratantes el mejor y más acertado diseño según mi conocimiento y técnicas aprendidas durante la escuela, en actualizaciones y sobre todo, en la experiencia, para poder, finalmente, ofrecer la opción más adecuada y que cumpla con los requerimientos que así me fueron solicitados, y por qué no decirlo, también de acuerdo al precio acordado. No se trata de hamburguesa con queso y sin queso pero, siempre es bueno marcar una media para que cliente y diseñador acabemos contentos.

Platicando con un amigo, hablamos de que la vida nos lleva a ajustes que a veces no estamos dispuestos a asumir y queremos que nuestra propuesta de vida sea la que "gane" en este sentido. No quiero decir con esto que no debamos planear y ponernos objetivos, desear una vida en particular que es la que más queremos y la cual no debe ser propiamente nuestra meta como tal, sino lograrlo antes del final para poderla disfrutar como tanto hemos querido. Pero, si, hay no un pero sino muchos, es difícil que todo nos salga a la primera. Siempre habrá por ahí situaciones que nos alteren, muevan o modifiquen nuestro Plan de Vida y a las que debemos estar abiertos y dispuestos a enfrentar, resolver o aceptar, si este es el caso.
No te pelees con la perilla, si no abre la puerta, busca la llave, si no la tienes, esfuérzate hasta que lo logres inclusive, si tienes que tirarla a patadas, ¡hazlo!, PERO, (si aquí viene uno de esos "peros") ASEGÚRATE QUE LA PUERTA TENGA TU NOMBRE.

Sí, así es, no intentes abrir una puerta que no es para ti porque una de dos, o no serás feliz entrando ahí o simplemente morirás en el intento y nunca lograrás abrirla. Como comenté hace algunos meses, llegué a la completa convicción de que yo vivía montada en un carrito de "Montaña Rusa" y como no me gustan, me la pasaba en la queja muchas veces, hasta que me di cuenta de que si ya estaba ahí porque era el lugar en el que necesitaba estar para poder llevar a cabo mi propósito lo mejor que podía hacer era: levantar mis manos, sentir el viento en mi rostro ¡y disfrutar del panorama!

¿A qué voy con todo este rollo? Muy fácil, a que seamos personas capaces de adaptarnos a los cambios, abrir nuestra mente hacia el abanico de posibilidades que tenemos enfrente y seamos sabios y astutos al escoger nuestro camino y lo más importante: a ser felices durante el proceso. Disfruta la lluvia, el viento, el frío, la sequía, el calor, la compañía y hasta la soledad.
No esperes a "Llegar a la Meta" para estar contento y disfrutar de la vida, ¡DISFRUTA DEL CAMINO! pero, (¡sí otro pero!), nunca-nunca-nunca RENUNCIES A TUS SUEÑOS.

Cuídate mucho por favor, y como dice mi amiga Maggie de Chile: les envío cariños. 
Angélica.