viernes, 10 de diciembre de 2021

Verbo viviente

 

¿Qué he aprendido en este 2021 que casi termina?

    Que nadie sabe el día o la hora. Que tenemos que estar al día, sin pendientes que resolver con nadie, di "te amo" HOY, "te perdono" HOY, "Gracias" HOY!!,
Dar flores HOY, sonreír HOY, comer, vivir, amar, orar HOY, a cada momento y con cada paso.
 
    Hacerlo intensamente y sin preocuparme por aquello que no puedo resolver. Ocuparme en lugar de pre-ocuparme. Cambiar la lente con la que veo las cosas y atreverme a mirar con más humildad, agradecimiento, paciencia, gozo, misericordia, amabilidad, resiliencia, amor y piedad: "mi lucha no es contra carne ni sangre...".
 
    Aplicar LO APRENDIDO ¡HOY!, no mañana, no luego, no "al ratito" ni después...
¡Ser un verbo que respira!

 
Por que no sabemos qué será al siguiente minuto, al siguiente segundo..., al siguiente suspiro.

martes, 24 de mayo de 2016

Cuando el pasado te alcanza.

Sus ojos eran pequeños como dos almendras, un par de capulines como pupilas. Alrededor de aquellos, grandes y oscuras ojeras que solo eran tapadas por sus pesados y verdes anteojos de "fondo de botella". Bajito, un poco regordete, piel morena y carácter firme. Una mata de cabello grueso, abundante y ondulado coronaban su cabeza a pesar de sus años. Sí, así era mi profesor de secundaria, ya no recuerdo qué materia impartía, solo recuerdo que, en mi afán por aceptación juvenil, yo también me llegué a burlar de él. Nunca hacía chistes, nunca reía, jamás supimos qué era de su vida, si era casado, soltero, viudo, qué se yo. Llegaba con sus libros debajo del brazo, una tiza y borrador. Se sentaba en el escritorio desvencijado que se notaba que ya había visto pasar generación tras generación en ese salón de clases, al igual que él. Nadie teníamos idea de cuánto llevaba ahí, era ya un activo fijo del lugar.

En aquellos años solo lo vi reir y bailar una vez, solo una. Fue todo un suceso ya que ese día, que en realidad tampoco recuerdo qué celebrabamos, se animó a levantarse de su silla igual de vieja o más que el escritorio, y ponerse a bailar en medio de todos nosotros; posiblemente celebrabamos el fin de cursos en el salón, otra cosa más perdida entre mis recuerdos. Pero lo que no se me olvidará nunca es esa mirada acuosa y feliz al bailar ahí, al moverse como si fuera a dar una demostración de toda la coreografía de "pajaritos a bailar, cuando acaban de nacer..." moviendo sus brazos como las alas de una gallina y dando saltos graciosos. Sí, como era de esperarse, todos se burlaron de él, nos burlamos. No tan descaradamente como para que se diera cuenta, o eso pensábamos. Solo fue una, tal vez dos canciones y se acabó, él se gozó y rió a carcajadas. No lo podíamos creer. Al final, sin más, regresó a su lugar y siguió sonriendo por un rato más mientras nos veía bailar en "bolita".

Jamás supe de él, nunca me preocupé en volverle a buscar, las veces que regresé a la secundaria a saludar a otros maestros no lo recordé, ni una sola vez.

¿Porqué lo recuerdo ahora?, ¿porqué conmueve mi corazón esa imagen cuando en su momento solo me fue objeto de burla?, porque ahora me descubro en un día cualquiera bailando con mis hijos y me doy cuenta que hago exactamente lo que él hacía: bailo a grandes saltos y moviendo "mis alas" como las de una gallina alrededor de sus pollitos. ¿Será que me ha alcanzado la edad? ¿O simplemente es que no me importa el "glamour" que puedo estar perdiendo al hacer esos visajes? Lo único que sé es que disfruto enormemente de esos momentos, río, me gozo y veo a mis hijos hacer lo mismo; ellos ríen también pero no se burlan de mi, (espero). Es ahora cuando pienso en él, en mi maestro del cual tampoco recuerdo su nombre ni su apodo, pero puedo comprender lo que tal vez él vivió en esos momentos.

Pocas cosas lamento de mi vida, debí vivirla más intensamente. Un amigo me dijo una vez: "el mejor momento para plantar un árbol fue hace diez años; el segundo mejor momento... es ahora".

miércoles, 18 de noviembre de 2015

DE LO DULCE Y LO SUAVE.

"La vida nos enseña de muchas maneras, unas no tan lindas como qusieramos pero al final del día siempre hay algo que se puede y se debe aprender. Si no se comprende el porqué, hay que dar tiempo.

Ya será.

Sin actuar guiados únicamente bajo las emociones cuando se tiene que racionalizar y recordando que se juzgan las situaciones no a las personas, porque puede ser que en un futuro haya que tragarse aquellas palabras, aunque eso, también será una valiosa lección..."

Historias mentales...

"No te hagas historias mentales en situaciones que no puedes controlar, sufrirás sin sentido y puedes llegar a tomar una decisión equivocada.

La vida es suficientemente enredada, como una gran telaraña después de la tormenta.
Espera y verás que, generalmente, todo está en tu cabeza y no en la realidad."


¡Gran día para todos!
A.McHarrell

martes, 26 de mayo de 2015

DANDO UN PASO HACIA ADELANTE, (con dos de azúcar, por favor).

"El ser humano fallará, mil veces lo hará: lo harás, lo haré..."

Nos defraudaremos unos a otros, con intención o sin ella. Pero, ¿cómo permanecer y no acabar solo como la llorona o el ermitaño amargado de la colina?

Sin mirar lo acontecido, hay que sopesar todo lo bueno que ha tenido la relación, o pueda tener, (amigos, padres, hermanos, pareja, vecinos etc.), siendo sinceros: ¿aquella falta pesa más que todo lo pasado?, y aún así, hay que dejarla de lado para poder vivir.

 
No estamos obligados a nada, pero nos sería muy provechoso meditar y matar un rato el 'yo ofendido' ejerciendo el perdón. Considerar la situación como si yo fuera quien hubiera fallado.
Generalmente no es tan grave como lo creemos en el momento y de eso nos damos cuenta días después, cuando todo se ha enfriado y a veces ya no hay vuelta atrás. 

    "No está en el tamaño de la ofensa o en el perdonar o no, sino en la madurez de espíritu y cualidad de carácter donde radica el secreto para vivir en esta tierra. Siempre estaremos rodeados de gente, nos guste o no, nos necesitan, los necesitamos y en los momentos más álgidos veremos de qué estamos hechos, ellos, nosotros, tú, ustedes, yo y todos los demás".


Y tú, ¿cómo te lo vas a tomar?: ¿solo? o con dos de azúcar.

martes, 2 de diciembre de 2014

Entre los límites del piso de abajo y el de arriba.



Hay ocasiones en las que las rachas no son buenas y hay momentos en las que son peor, pero el saber lo frágiles que somos y nuestras limitaciones, nos ayuda a darnos plena cuenta de la realidad en la que vivimos y aprender a disfrutar cada momento, cada situación, lo agridulce de la vida.

Sin estos tiempos que nos hagan detenernos y cuestionar nuestra existencia ¿cómo podríamos valorar nuestro camino? Situaciones que nos obligan a  recapacitar o preguntarnos si la dirección escogida es la correcta o si vale la pena el esfuerzo invertido o simplemente tenemos que parar y meditar para tal vez replantearnos todo o parte del plan original.

Vamos por este mundo caminando en "el aire", sin manual, sin experiencia, porque raro es el que aprende del vecino o de su propio tropezar y aun así, aquí seguimos, terqueando por la senda escogida.

Valen oro estos momentos de sabor amargo que nos hacen poner los pies en la tierra y dirigir nuestra mirada hacia lo que más nos debe importar.

Adelante, a tragar gordo, amarrarse las agujetas y ajustarse los cinturones que ya habrá tiempos mejores y estos sólo serán un recuerdo de cuando estábamos por subir al siguiente piso, en el último escalón de lo que íbamos dejando atrás. 

Y si necesitas tomarte un descansito en lo que llegas, te dejo esta música de fondo:

*Gracias Adriana M*



lunes, 4 de agosto de 2014

"RENACIENDO TODOS LOS DÍAS"

ALGO PARA COMPARTIR:


Fotografía: Angélica McHarrell
Cada día es un nuevo día, y a pesar de que nosotros y nuestro entorno parecieran ser los mismos, casi siempre pasamos por situaciones que nos modifican, nos afectan, nos cambian en algo o en mucho, para bien o para mal.
Depende de nosotros el tomar o rechazar la enseñanza de este día y sobre todo, aplicarla "renaciendo" a esto que hemos aprendido. Porque toda, TODA experiencia, sirve para fortalecer, romper, cambiar y mejorar, siendo sabios en utilizarla y dejar que NO se nos vaya como agua entre las manos.

Tenemos un gran tesoro en esta vida y aunque aparentemente no brille como el oro, ¡¡sí vale como los diamantes!!

Y tú, ¿a qué renaciste hoy?

¡Ánimo! 
 Con cariño: Angie.
Sígueme en Facebook y ¡Dame Like!
https://www.facebook.com/DiasDeLluviaYsol 

viernes, 25 de julio de 2014

¿HAZ ESCUCHADO EL AMANECER DE LA VIDA?

Pequeño colibrí en mi árbol
Jamás había tenido una experiencia como la de hoy por la mañana cuando algo me despertó muy temprano. Todavía no podían verse los primeros rayos del sol y reinaba un silencio apacible, puro, adormecido.

En días normales, inclusive me despierto más temprano pero para cuando este momento llega, yo ya estoy en el afán del día a día, de manera que ahí estoy, vivo, pero no me doy cuenta del entorno tan hermoso y la maravilla que sucede justo a esa hora, en el momento en que "rompe" el sol.

Que yo recuerde, nunca había escuchado con tanta atención a la naturaleza despertarse. Podía percibir el silencio humano en toda su extensión y un sin fin de sonidos, gorjeos, ramas, hojas, aleteos y "chit-chat" pajaril. ¡Es una verdadera sinfonía!

En el árbol del patio que llega hasta mi ventana del segundo piso, pude observar sobre sus ramas más altas, a las aves que ahí anidan haciendo su calistenia al abrir sus alas y saltar de un lado a otro para después ir por su desayuno.

Es en ese momento en que los colores del cielo se tornan de un roji-azul vibrante, y las pocas nubes dan sombras y formas hermosas y esponjadas y el firmamento desaparece para dar lugar al astro rey, que pude darme cuenta que no hay noche más negra que no tenga un amanecer y que no importa lo que suceda, siempre - siempre llegará la luz, la vida y el color de nuevo. Que aunque parezca todo desolado simplemente es que está dormido, aguardando su tiempo para despertar. Que cada mañana es diferente, nueva y que nada puede ocupar un tiempo que no le toca.

Finalmente comprendí que hay cosas que tienen que esperar su propio amanecer pero cuando suceda ¡será glorioso! Y eso llenó de alegría mi corazón que a veces se abruma con cosas, como las tuyas, como las mías, como las de todos.

Decidí pues, mirar a mi propio amanecer, único, maravilloso y en el cual habrá no sólo una sinfonía auditiva, sino una paleta llena de colores increíbles, luces y todo aquello que esté preparado para este gran momento.

Debo ser paciente con aquello que espero y que pareciera tomarle una eternidad llegar y enfocarme en lo que ahora sucede. Dar prioridad a lo que necesita mi atención sin envolverme en lo negro de la noche de algunas cosas.

No me iré sin mi amanecer, sin mi sol rompiendo la oscuridad y llenando todo mi cielo. Y tú, ¿esperarás con paciencia la llegada de tu nuevo día?

Los quiero. Les envío un abrazo ahí donde estén, lo necesiten o no.
Con cariño: Angie.




domingo, 3 de noviembre de 2013

La Carta

Yo en mi rancho
Desde muy pequeña, entre 1 y 13 años, solía pasar mucho tiempo en el rancho de mis abuelos paternos, ahí pasé los momentos más felices de mi infancia con la persona que más ha impactado mi vida: mi abuelo Tirso, maquinista de tren de profesión, agricultor por convicción. 
Don Tirso, como lo llamaban todos en el pueblo y sus alrededores, era una persona poco común, el tipo de persona que todos quieren: bonachón, siempre con una gran sonrisa, quemado por el inclemente sol en el campo y el frío, bien vestido.


Y así, Don Tirso marcó mi vida con su presencia, se la pasaba retando mi mente con preguntas y metiéndome el “gusanito” de la investigación o el porqué de las cosas, preguntándome qué quería ser de grande.


Sin ser una persona consentidora prácticamente me daba gusto en todo, en pocas palabras, hacía todo lo posible para verme feliz y constantemente evolucionando y aprendiendo, descubriendo la vida. 


Don Tirso en su rancho
a las faldas del Popocatépetl
Hasta que un enero de mis 13 casi 14 años, recibí la triste noticia de su fallecimiento, la última vez que lo vi había sido la Navidad previa, entero, sin rastro de enfermedad alguna, como siempre con ese pasito que lo caracterizaba al caminar.

Estuvo un mes desahuciado en el hospital y no me lo creía, el cáncer se lo llevó, sólo así. Recuerdo que no pude derramar una sola lágrima hasta por ahí de los 20 años de edad.

Después de un tiempo comprendí que el no haberlo visto en cama, siendo solo la sombra de lo que alguna vez fue, había sido lo mejor puesto que una de las últimas imágenes que tengo de él es haciéndome una broma en navidad ¡cómo se rió esa vez.

Esa fue la lección más importante que me dejó: recordarlo siempre de esa manera, como un ser alegre, de gran arrastre por su comportamiento recto, amoroso, dadivoso, paciente y misericordioso. 


Mi hijo Eliab
Ahora cuando veo a mis hijos, sólo puedo pensar en la manera de dejar este mismo legado a ellos. Los tiempos, las costumbres, todo cambia y deseo que los míos se queden con lo mejor así como mi abuelo hizo conmigo.


De tal manera que hace tres años decidí escribirle estas líneas, a mi hijo mayor Eliab, a quien pedí que leyera en voz alta, sin avisarle de qué se trataba, para que pusiera atención sin la carga emocional que podría llevar al saber que era algo de mí para él:


“Te dejo esta carta hoy que vivo para que cuando ya no esté no visites mi tumba para estar conmigo, acompáñame y caminemos; no me hables en tus oraciones, mejor platícame que hay en tu cabecita; para que no me traigas viandas que no podré comer, siéntate aquí junto a mí y comamos juntos.

Mírame ahora, grábate mi rostro, mis ojos, mis muecas, mis sonrisas y así cuando te veas reflejado, en tu mirada encuentres la mía y no tengas que ver una foto para recordarme. 

Escúchame cuando te hablo, para que la añoranza no contriste tu corazón y busques en las canciones mi voz. 

Si tenemos algo que decirnos, hagámoslo, no esperemos a que alguno ya no pueda escuchar. Ya no te preocupes por mí, lo que tenga que hacer haré y lo que haya que dejar aquí se quedará.
Mejor será sembrar en cada uno de los que nos rodean algo que no sólo puedan recordar sino que los marque, que puedan vivirlo, que toque a otros, transforme pensamientos y una a todos en un gran abrazo.

Avanza siempre, da más de lo que te pidan, no te conformes nunca, busca hacer el bien, ayuda a otros, anima sus vidas, ama mucho, disfruta todo, cómete tus verduras, ríe hasta que te duela la pancita y las lágrimas recorran tus mejillas; toma agua, duérmete temprano sin dejar de ver el amanecer cuando así lo necesites, pide todo por favor y da las gracias, huele las flores, hornea un pastel, juega a la pelota con el perro, come helado cuando haga frío, lee muchos libros, escucha música, baila con tu hermana, cuida tu jardín, da gracias todos los días.

Pero lo más importante, no lo hagas solo, ¡hagámoslo juntos!
Porque cuando me vaya, nada más podré hacer por ti y cuando te vayas nada más podrás hacer por los demás…, sólo quedarán estos momentos que ahora tenemos y que vivirán por siempre dentro y fuera nuestro aunque ya no nos tengamos el uno al otro.


Es hoy y es ahora...
Te amo con todo mi corazón: Tu mamá."

viernes, 2 de agosto de 2013

Ajustes y más ajustes.


(A ver si lo leen hasta el final. Está larguito jajajaja)
(si te gusta ¡compartelo!)

     
En mi trabajo, sucede mucho que hay que hacerle cambios o ajustes a la propuesta gráfica presentada, generalmente, hasta que al cliente le guste. Conozco mi trabajo y me encanta de tal manera que siempre trato de ofrecerle a mis contratantes el mejor y más acertado diseño según mi conocimiento y técnicas aprendidas durante la escuela, en actualizaciones y sobre todo, en la experiencia, para poder, finalmente, ofrecer la opción más adecuada y que cumpla con los requerimientos que así me fueron solicitados, y por qué no decirlo, también de acuerdo al precio acordado. No se trata de hamburguesa con queso y sin queso pero, siempre es bueno marcar una media para que cliente y diseñador acabemos contentos.

Platicando con un amigo, hablamos de que la vida nos lleva a ajustes que a veces no estamos dispuestos a asumir y queremos que nuestra propuesta de vida sea la que "gane" en este sentido. No quiero decir con esto que no debamos planear y ponernos objetivos, desear una vida en particular que es la que más queremos y la cual no debe ser propiamente nuestra meta como tal, sino lograrlo antes del final para poderla disfrutar como tanto hemos querido. Pero, si, hay no un pero sino muchos, es difícil que todo nos salga a la primera. Siempre habrá por ahí situaciones que nos alteren, muevan o modifiquen nuestro Plan de Vida y a las que debemos estar abiertos y dispuestos a enfrentar, resolver o aceptar, si este es el caso.
No te pelees con la perilla, si no abre la puerta, busca la llave, si no la tienes, esfuérzate hasta que lo logres inclusive, si tienes que tirarla a patadas, ¡hazlo!, PERO, (si aquí viene uno de esos "peros") ASEGÚRATE QUE LA PUERTA TENGA TU NOMBRE.

Sí, así es, no intentes abrir una puerta que no es para ti porque una de dos, o no serás feliz entrando ahí o simplemente morirás en el intento y nunca lograrás abrirla. Como comenté hace algunos meses, llegué a la completa convicción de que yo vivía montada en un carrito de "Montaña Rusa" y como no me gustan, me la pasaba en la queja muchas veces, hasta que me di cuenta de que si ya estaba ahí porque era el lugar en el que necesitaba estar para poder llevar a cabo mi propósito lo mejor que podía hacer era: levantar mis manos, sentir el viento en mi rostro ¡y disfrutar del panorama!

¿A qué voy con todo este rollo? Muy fácil, a que seamos personas capaces de adaptarnos a los cambios, abrir nuestra mente hacia el abanico de posibilidades que tenemos enfrente y seamos sabios y astutos al escoger nuestro camino y lo más importante: a ser felices durante el proceso. Disfruta la lluvia, el viento, el frío, la sequía, el calor, la compañía y hasta la soledad.
No esperes a "Llegar a la Meta" para estar contento y disfrutar de la vida, ¡DISFRUTA DEL CAMINO! pero, (¡sí otro pero!), nunca-nunca-nunca RENUNCIES A TUS SUEÑOS.

Cuídate mucho por favor, y como dice mi amiga Maggie de Chile: les envío cariños. 
Angélica.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Despertares

"Ahí mismo estoy, despertando de mi sueño nocturno, arrullada por la lluvia y el cantar de los anfibios de mi patio, todo en una perfecta y suave armonía que me hizo descansar al grado de acabar en mi lecho en calidad de bulto, sin moverme ni sentir las horas. -Unos minutos más-, lloriqueaba mi cuerpo mientras se aferraba a la almohada..."

Y conforme el dormir se iba, piecitos en mi espalda y manitas en mi cabeza. Al fin medio pude abrir mis ojos poco a poco para ver un collar de sonrisas y miradas, cual platos decorados en día de fiesta, quienes en un acto de mimo y algo de frío, se pasaron cual fantasmas a mi cama y se adhirieron a mi en libre forma.

Qué despertar tan exquisito, tan suave, tan lleno de todo. Estiramientos gatunos, bostezos y cosquillas; expresiones y besos en las mejillas.
La lluvia, seguía recorriendo mis ventanas, los anfibios, su cantar y el silencio de un sábado por la mañana permitía el repiqueteo de las gotas sobre el asfalto, sobre el techo, sobre todo.
Con caminar desganado pero satisfecho, me deslizo por las escaleras cual paño de seda. En busca de un anhelado café para agudizar mis sentidos, el frío recorre mis brazos, mi sangre todavía resbala lento. No me quiero despertar del todo, deseo seguir en ese vaivén del entresueño, de la ligereza. No me hables de noticias, no me prendas la tv, no de lo que te pasó ayer, que todavía vuelo en mi lecho, mi espíritu y mi alma, siguen en esa cama, aunque mi cuerpo esté llegando a la cocina.

Saltos, gritos, sonrisas y giros me rodean, -"¡a la regadera!", sale de mi boca como un mandato matutino infantil, mientras el "bip" del microondas interrumpe el devaneo y mi cerebro le pide a mis manos la preparación y mientras el aroma llega a mis sentidos, utilizando mi imaginación disfrazo mi brebaje como un recién hecho de cafetera italiana y el calor del vapor me invita a dar el primer trago.
 
Qué mañana. Qué temperatura, qué agrado el platicar contigo.

No he terminado de dar el primer sorbo y ya oigo el agua caer: -¡nadie abra la llave, por favor!"- se escucha a través de las paredes la chilloncita voz de mi vástago mayor, quien orgulloso de su edad, ostenta que cumple con este ritual diario de aseo personal por completo y sin ayuda. En el otro cuarto mi princesa de azules ojos y andar ligero, busca afanosa en sus cajones su atuendo para el día de hoy. Canta, revolotea y danza: "brotan flores, en el desierto..."

Oh, mi ser espiritual alcanza ya mi cuerpo, ya estoy de pié y en mis sentidos aún anhelando ese lecho suave. Escucho las sucesiones del Adagietto de la Sinfonía N° 5 de Gustav Mahler y el Irish Tune from County Derry 'Londonderry Air' By Percy Grainger y apresuro mi paso para asistir a mis críos en su sustento alimenticio. Todo corre en y se acomoda, llueve y deja de llover, el reloj implacable se desliza indicando de forma rítmica los momentos, las pautas, los silencios.

Hoy es un día especial, el salir de mis retoños a la socialización infantil.
 
Por fin han volado y la lluvia sigue aquí conmigo, y tú también.
 
Las rosas, las buganvilias, el romero y el albahaca, los papayos en flor y el helecho agradecen esas gotas de néctar de nube.
Ansiosos después de meses de intensos calores, sus raíces se ensanchan mientras por sus poros absorben lo que la tierra mojada les ofrece y yo, miro por mi ventana el recorrer de las gotas, como dice Neruda:

"...al tocar tristemente la ventana,
luego bailar con furia desmedida
sobre mi corazón, sobre el techo...
...para llenarla una vez mas de agujas,
de tiempo transparente, de lágrimas..."

Los últimos tragos de mi brebaje acarician mis sentidos y me uno a mi jardín, a mi amada flora y fauna de traspatio:  palmas, crotos, rastreras, suculentas, grillos, mantis, y toda clase de insectos, bichos y lagartijas, de tierra y lodo, de aromas y delicias naturales. De petricor.
 
Un deslumbrante colibrí escoge de cada buganvilia ese azucarado sabor mientras yo espero tranquilamente a que pase el tiempo, a descansar del correr semanal, al bostezo, al sin quehacer, decido tumbarme sobre el sillón y cerrar mis ojos, flotando en silencio, musitando alguna melodía, y así en estos días de lluvia cual suave murmullo te canto al oído..., mientras tú, ya te has ido.

Verbo viviente

  ¿Qué he aprendido en este 2021 que casi termina?      Que nadie sabe el día o la hora. Que tenemos que estar al día, sin pendientes que re...